14 novembre 2017 ~ 0 Commentaire

LAS PALABRAS QUE NUNCA FUERON.

Tengo un tesoro escondido debajo de la cama. Un millón de palabras preciosas que perdieron su brillo porque nunca vieron la luz.

Palabras necesarias, formadas en el vientre. Palabras sentidas, pensadas, que quedan atrapadas entre las cuerdas vocales. Palabras ahorcadas, sentimientos abortados.

Comulgué con piedras de molino. Y ahí se quedaron. En mi pecho, en mi garganta. Aplastando bajo su peso toda oportunidad de salir al exterior. Convirtiendo el valor en harina. Cobardía con fermento de impotencia. Pan de desesperación cocinado a fuego lento.

Me quedo con los quiero y no alcanzo los puedo. Vivo rodeada de ojalás. Ojalá hubiera dicho; ojalá hubiera hecho. Se pierden las ocasiones pero siempre queda el sentir. Y el dolor. En la garganta, en el pecho, en los hombros. Las piedras y las palabras nonatas pesan demasiado.

Aprovecho las piedras para construir muros. Entre yo y mis palabras; entre mis palabras y el mundo. Paredes de silencio. Silencio forzado y forzoso. Enmudezco cuanto más tengo que decir.

Soy presa y soy prisión. De mí misma, de lo que quiero decir. Esposada y con grilletes, no hay defensa posible. Ni posibilidad de indulto. Ni riesgo de fuga.

Tal vez un día, el dique ceda y me desborde.

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