17 janvier 2018 ~ 0 Commentaire

RESPONDIENDO A GIRONDO

Espera, antes de cerrarme la puerta porque no sé volar, piensa.

Que a volar siempre se puede aprender.

Que hay mujeres que siempre tuvieron la libertad de hacerlo. Y otras a las que nos quebraron las alas antes de poder extenderlas.

Y que, aun así, a pesar de ello, somos capaces de colocarnos al borde del abismo. Ignorar el dolor que nos provocan las cicatrices y los músculos atrofiados. Enfrentarnos al miedo de estrellarnos contra el suelo y contra el fracaso. Y lanzarnos al vacío.

Y créeme. Conseguimos volar. A veces es vuelo raso, a veces, un vuelo irregular, hermoso en su fealdad. Porque es un vuelo que puede parecer supervivencia. Pero no. No se trata de sobrevivir, sino de revivir. Y puedo asegurarte que, quien ha estado tanto tiempo muerta, vendería su alma por conocer la pasión, la libertad, la sensación del viento contra su cuerpo.

Si yo fuera tú, no me perdería mis primeros vuelos por nada. Surcar el cielo con quien ve todo por primera vez. O ser mero espectador. Lo que tú quieras.

Al fin y al cabo, no es por ti por quien tengo que aprender a volar, sino por mi. Aunque qué maravilla si pudiéramos volar juntos.

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