26 juin 2018 ~ 0 Commentaire

FUERA DE JUEGO

Adrián no para quieto en el asiento del coche. Es la primera vez que va con su padre a ver el fútbol al estadio y está nervioso. Han visto muchos partidos juntos en la tele, pero no es lo mismo. Ir al campo es mucho mejor. Papá le ha contado que, cuando tenía su edad, el abuelo  le llevó a él. También ellos veían los partidos en la tele, que era en blanco y negro, y cuando vio salir a los jugadores en color, se le pusieron los ojos como platos.

Mientras Adrián se ríe con las historias que le cuenta su papá, Silvia se enfada con su marido. Esa tarde celebran el cumpleaños de su hijo pequeño, pero él ha preferido irse al fútbol. Últimamente las cosas no van bien entre ellos. A penas hablan; llevan meses sin acostarse; Juan sale cada vez más tarde del trabajo y los fines de semana siempre se va a ver el partido al estadio o al bar, cuando su equipo juega fuera. A veces se pregunta si no tendrá una aventura con otra, pero en el fondo le da miedo saber la verdad.

Román, el marido de Carmen, también se ha ido a ver el partido. Desde hace unos meses, un antiguo compañero de trabajo le cede su abono, porque esta temporada tiene otros compromisos y no puede ir. Román es un buen marido y ha sido un buen padre, pero no lleva muy bien lo de la jubilación y Carmen cree que el fútbol es una buena distracción para él, aunque le preocupa que se lo tome demasiado a pecho, porque anda un poco delicado del corazón y tiene que cuidarse, más ahora que su hija está a punto de hacerles abuelos por primera vez.

Carmen sonríe pensando en su hija y en su futuro nieto. Amparo frunce el ceño pensando en el suyo. Se hizo cargo de él siendo un bebé, cuando Cristina, su hija, murió de una sobredosis. Carlitos, ahora quiere que le llamen Charly, no es mal chaval, quizás un poco movido. Amparo se mata a trabajar para darle lo mejor, pero últimamente se junta con malas compañías y cada vez está más exigente y respondón. Ha dejado los estudios y no trabaja; ya sabemos cómo están de difíciles las cosas hoy en día. Esta tarde se ha ido a ver el partido. Ya meterá horas en el trabajo para sacar los 40 euros que le ha costado la entrada. Es un buen chico, pero no ha tenido suerte en la vida. Criarse sin padres marca, y ella sólo intenta compensarle.

Adrián se lo está pasando bomba en el partido. Van ganando por un gol a cero, y papá le ha dicho que es un resultado muy importante, porque se juegan una plaza en la Champion. Le gustan los cánticos y le hacen gracia las palabrotas que gritan los aficionados cuando su equipo falla una jugada. Si mamá estuviera allí, le estaría tapando las orejas con sus manos. Vaya, acaba de marcar el otro equipo. Todo el mundo empieza a gritar muy enfadado: « ¡FUERA DE JUEGO! ¡HA SIDO FUERA DE JUEGO! »

Adrián se asusta un poco y busca la mano de su papá. Charly, al otro lado del campo, busca la bengala que, astutamente, ha conseguido colar en su mochila. La enciende y quiere lanzarla hacia arriba, pero, por miedo a ser descubierto, se apresura y la bengala sale disparada cruzando el campo y haciendo diana en el pecho de un niño de siete años, que ese día iba por primera vez a un estadio de fútbol con su papá.

El pánico se desata. Todo el mundo quiere salir del estadio a la vez, pisando, aplastando, empujando. El corazón de Román no resiste y sufre un infarto. Más tarde intentarán reanimarle, pero llegará muerto al hospital.

En el mismo momento en el que Carmen recibe una llamada del hospital, Juan se da cuenta de que tiene al menos quince llamadas perdidas de su mujer. Desde hace meses mantiene una aventura con una compañera de trabajo, y aprovecha para quedar con ella cuando hay partido. Su abono se lo deja a otro colega, ya jubilado, con el que aún mantiene el contacto. Pensando que ha pasado algo en la fiesta de cumpleaños, llama a su mujer. Está histérica, le pregunta si está bien. Claro, estaba en el campo viendo el fútbol, por eso no ha oído el teléfono hasta que ha terminado el partido. Su mujer le cuelga. Minutos más tarde, escuchará en la radio del coche que el partido se suspendió a mitad del segundo tiempo por graves disturbios. Ha habido numerosos heridos y dos muertos; un niño de siete años y un hombre recién jubilado.

Amparo también escucha la noticia en la radio mientras hace la cena para Carlitos, no se acostumbra a llamarle Charly, que volverá con hambre. Su corazón se detiene. Por favor, Señor, que mi niño esté bien. Que vuelva sano y salvo a casa. Y empieza a farfullar en voz alta sobre los padres que no saben educar a sus hijos y luego pasa lo que pasa. Charly no cenará esa noche en casa. En un mes será juzgado y condenado por homicidio involuntario. 

El día después de que Charly sea sentenciado, Almudena y Sergio serán padres por primera vez. Teníán pensado llamar al niño Lucas, pero finalmente se llamará Román, como el abuelo materno, que no pudo llegar a conocer a su primer nieto.

 

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